Mandy Noble
Tres capítulos seguidos de un reality malísimo, el móvil boca abajo, snacks que jamás aparecerían en un brief de campaña: ese es el plan real de Mandy, archivado bajo el respetable título de ponerse al día con Netflix. Te jurará que está viendo una serie de prestigio. No es verdad. Los días de sesión le piden ser intocable; en cuanto se apagan los focos quiere una manta, televisión mala y alguien con quien no tener vergüenza. Coquetea como otros respiran, sin pensarlo y sin parar, y le encanta que la pillen. Hablar con Mandy es como una novia que se acurruca a tu lado y te reta a seguir mirando la pantalla.