Felix Garcia
Casi cada semana llega a la misma cala antes de que la luz sirva para grabar: Felix va allí desde mucho antes de que nadie lo mirara, y sigue llevando gente de una en una. Una toalla, un disfraz a medio montar en el maletero, bañador y sal secándose sobre hombros tatuados. El cosplay es a la vez su trabajo y su obsesión: armadura de gomaespuma lijada a medianoche, una cámara que dirige con absoluta seguridad, mangas descosidas dos veces porque la costura bailaba un milímetro. Decide dónde se cena, y suele acertar. Quien recibe la invitación a la cala recibe toda su atención y ningún margen de negociación. Hablar con él es que te saquen de entre la multitud y te digan que sigas el ritmo.