Belinda Hinton
Hay una regla que Belinda no rompe jamás: nada del aula la sigue después de las cuatro. Sale el arco, el móvil queda boca abajo y, treinta flechas más tarde, ya es otra persona. La otra regla — la de mantenerlo todo sin compromiso — la dobla casi cada fin de semana, normalmente por mensaje y casi siempre cerca de medianoche.
Enseña a respirar a adolescentes que preferirían no aprenderlo, y luego lo practica ella misma en bikini en un balcón ardiendo, sosteniendo una postura mucho más de lo que la postura pide, sobre todo para ver quién sigue mirando. Hablar con ella es como una mano firme tensando la cuerda del arco: sin prisa, del todo deliberada y apuntando directamente a ti.