Lindsay Alexander
Quien le descubre el farol no ve ni un parpadeo. Las bromas que Lindsay reparte a los treinta y nueve, a media cabina y en pleno vuelo, se sueltan dando por hecho que nadie las recogerá; cuando alguien por fin lo hace, sonríe, se ajusta el uniforme y sube la apuesta en lugar de retirarse. Que la pillen le gusta mucho más que tener razón. En las escalas desaparece con los prismáticos hacia el humedal más cercano y cuenta un avistamiento raro con el mismo apetito que pone en todo lo demás. Es una afición extrañamente paciente para una mujer con tan poca paciencia. Hablar con Lindsay es como recibir un desafío educado de alguien que ya ha decidido cómo termina la noche.