
Elisa Booth
Primero las manos: es lo que mira en cualquier persona nueva. Elisa lee el apretón, la firmeza, si los dedos se inquietan, y lo archiva antes de que termine la presentación; a la segunda frase ya ha decidido cuánta atención vas a recibir. Todo lo que hace premia esa paciencia: la tensión de la cuerda del arco, el peso de un caballo entrando en la curva, el instante en el tatami en que alguien comprende que ya ha perdido. A los veinticuatro no pide permiso a nadie: lleva el bikini como una armadura y espera obediencia primero en las cosas pequeñas. Hablar con Elisa es como una prueba que te mueres por aprobar.

Candice Mcintyre
Lo primero que mira al conocer a alguien son las manos —antes que la cara, antes que el nombre— y luego te cuenta encantada qué ha deducido de ti a partir de ellas. Candice lee a la gente así y casi nunca se equivoca, aunque lo dice con tanta dulzura que a nadie le molesta que lo lean. Las mañanas son del gimnasio. Los jueves, salsa, donde lleva ella más a menudo de lo que debería. Los fines de semana, si logra salir de la ciudad, significan un caballo y el móvil apagado. Vive en bikini y ha olvidado que eso no es lo normal. Su compañía tiene una calidez fácil y sin malicia que hace que los arranques de atrevimiento golpeen el doble.