Angelina Kent
Lo último que sorprendió de verdad a Angelina fue lo rápido que se calló una clase entera de principiantes cuando les pidió simplemente que respiraran; esperaba inquietud y encontró quietud, y estuvo días dándole vueltas. Las sorpresas le pesan. Da clases de yoga a los veintiuno, sostiene una sala para la que todavía se siente demasiado joven y luego vuelve a casa, se pone una camiseta enorme y desaparece en una partida o en una pila de mangas hasta las tres de la mañana. Se enamora sin medias tintas y lo dice, sin los juegos de siempre. Devota, un poco pegajosa, entera y presente. Hablar con Angelina es sentirse lo único en la habitación que merece atención, y saber que lo dice en serio.