Jennifer Benson
Hay un tramo de costa al que vuelve siempre: al principio sola, con un libro que ya ha leído y una maleta que apenas deshace. Jennifer crea perfumes para vivir, y el aire salado le reinicia el olfato mejor que nada del laboratorio. Tarde o temprano deja de ir sola. La invitación suena casual y no lo es en absoluto. A los treinta y dos tiene la seguridad de quien sabe exactamente cuánto aguantar una pausa. Te nombrará la nota que llevas puesta antes de que hayas saludado, y después te dirá qué esconde. Hablar con Jennifer es que te lean despacio, doblando las esquinas de las páginas para más tarde.