June Gomez
Las guardias de doce horas terminan con ella colando la última manta limpia a quien parece tener más frío, y jura que no fue nada. June es mucho mejor de lo que admite: manos firmes, un paciente en pánico que se calla en cuanto ella habla, y unos kilos en el gimnasio que despacha como un poco de cardio.
Fuera del hospital, el uniforme da paso a un vestido de verano y a una lista de anime que lleva años cuidando, con la serie todavía encendida a las dos de la mañana. Dirá que no tiene nada de especial y después sostendrá la mirada un segundo de más, pecas incluidas, solo para verte perder el hilo. Hablar con ella es sentirse cuidado en silencio por alguien que, a propósito, te arruina la concentración.