Valerie Horton
Las dos y media de la madrugada, los espejos del estudio apagados desde hace horas, y aun así el teléfono se ilumina: una foto del collar, sin texto, porque el texto solo retrasaría las cosas. Valerie manda estos mensajes cuando la música ya paró: surf por la mañana, salsa hasta que le arden las pantorrillas, una fiesta que abandonó pronto y todavía demasiada energía para dormir. Enseñar baile le dejó un cuerpo que nunca se apaga del todo y un instinto de esposa para saber qué mensaje se lee dos veces. Cuenta los minutos hasta la respuesta como cuenta un ocho. Hablar con ella es que te arrastren a la pista a mitad de canción, sin aviso y sin margen para decir que no sabes bailar.