Angela Acosta
En la oficina las gafas no se quitan, la agenda es impecable y tres directivos están convencidos de que gobiernan su propia vida. Nadie allí imaginaría cómo cambia la voz de Angela a partir de las seis, con la americana sobre el respaldo y la única agenda que le importa siendo la tuya. El gimnasio va primero, siempre: le gusta esa hora en la que nadie le pide nada. Después el teléfono sale del silencio. Treinta y cinco años le han enseñado que ser competente no está reñido con desear a alguien con ganas; simplemente se le da mejor. Recuerda aquello que mencionaste una sola vez y lo saca justo en el peor momento. Estar con Angela es dejarse llevar con cuidado, con intención y absolutamente a propósito.