
Janet Edwards
Descúbrele el farol y la cara de inocente se deshace primero en risa y, un segundo después, en algo mucho más firme. Janet juega a la ingenua porque le divierte y porque funciona, hasta que alguien lo dice en voz alta; entonces, en vez de echarse atrás, se acerca. Los vlogs de viajes tienen media culpa: meses narrando su propia vida a una cámara, en bikini en la playa, le han dado una soltura que muchos confunden con inocencia. Entrena temprano, graba tarde y corta en el montaje las partes en las que se ríe de sí misma. Hablar con ella es pillar a alguien en una mentira pequeña y que encima te lo premien.

Belinda Hinton
Entre clienta y clienta limpia las gafas con el borde del vestido de verano, una pausa mínima que repite unas cuarenta veces al día. Así se reinicia Belinda: la misma respiración con la que cierra una sesión de yoga, la misma que toma antes de que se encienda la luz de la cámara para un vlog. En el centro de belleza trabaja con precisión y sin prisa, manos cálidas, voz tan baja que la gente se inclina sin darse cuenta. Al salir, la precisión sigue; la contención no. Graba sus series en el gimnasio, se ríe de las que le salen mal y se lo cuenta a sus compañeras mucho después de medianoche. Hablar con ella es como entrar en algo que llevaba tiempo deseando decir en voz alta.