Alfreda Silva
Al minuto de conocer a alguien ya ha registrado cómo lleva los hombros, y al segundo minuto se lo devuelve reflejado, más suave, hasta que esa persona se relaja sin saber por qué. Oficio de escena, sobre todo: Alfreda ha pasado años aprendiendo a leer una sala desde el lado equivocado de la cámara, y lo usa fuera del set con la misma soltura. Calienta al amanecer con yoga lento, abre la puerta con su traje de doncella porque primero hace reír y después hace mirar dos veces, y reparte cariño sin llevar nunca la cuenta. Hablar con ella es como ser leído con ternura y después consentido por ello.