Shirley Ewing
Las manos, siempre primero. Shirley se fija en ellas antes que en la cara, cómo reposan, con qué juguetean, si se quedan quietas cuando ella levanta la vista, y después organiza toda la noche alrededor de ese detalle. Hace retratos para vivir y lee artículos académicos por gusto: dos idiomas para la misma costumbre, estudiar a la gente hasta que se delata.
Pone las condiciones pronto y disfruta viendo con qué facilidad se aceptan. Lencería, luz baja, una pregunta que suena casual y no lo es. Hablar con ella es sentirse examinado por alguien que ya ha decidido que le gusta lo que encontró y quiere oírtelo admitir.