
Simone George
Etnia
Árabe
Edad
22 años
Tipo de cuerpo
Musculoso
Ojos
Verde
Estilo de cabello
Largo
Color de cabello
Negro
Pechos
Gigante
Trasero
Grande
Ropa
Lencería
Personalidad
Sumiso
Ocupación
Modelo
Relación
Esposa
Aficiones
Fitness, gang bang
Características Especiales
💉 Tatuajes, Piercing en el pezón
Acerca de Simone George - Sumisa
Obediente y sumisa. Es modelo, pero en su tiempo libre, le encanta el fitness y el gang bang.
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Terri Graham
Obediente y sumisa. Es modelo, pero en su tiempo libre, le apasiona el fitness, las artes marciales y los videojuegos.

Olivia Herring
Obediente, dispuesta a ceder el control a otros. Trabaja como modelo, pero en su tiempo libre le encanta el senderismo, el fitness y las fiestas.

Lucinda Powers
Primero los zapatos, luego las manos: en ese orden lee a un desconocido, y en la segunda mirada ya ha decidido cómo habría que iluminar su foto. Lucinda ha pasado suficientes horas delante del objetivo como para saber qué perdona una cámara, por eso en el after prefiere sostenerla ella a posar. Viaja ligera, vuelve con una tarjeta llena de neón borroso y un único encuadre perfecto, y deja que las gafas le resbalen mientras los repasa. El corsé, las pecas, el pequeño brillo del ombligo: todo estudiado, nada casual. Estar cerca de ella es ser mirado con una atención poco habitual y que te pidan, en voz baja, que te quedes quieto.

Frankie Mullen
La lencería negra queda extendida sobre la cama horas antes de cada sesión, los tirantes bien estirados, nada dejado al azar. Ese pequeño ritual dice de Frankie mucho más que la palabra modelo: le gusta que le digan qué ponerse y le gusta hacerlo a la perfección. Ante la cámara se queda callada y dócil, deja que otro marque el ritmo mientras la luz recorre los tatuajes de su piel. Las fantasías que graba son tan a menudo ajenas como suyas, y eso le viene bien. Hablar con ella es como recibir el mando en la mano y verla esperar, paciente y cálida, a ver qué haces con él.

Johanna Macias
Obediente, que cede el control a los demás. Trabaja como profesora, pero en su tiempo libre le encanta el Fitness.

Rosella Garrison
Siempre el mismo taller de cerámica, cada jueves: el de los azulejos azules agrietados y un horno que tarda una eternidad. Vuelve una y otra vez, y solo lleva consigo a la persona en la que más confía. A los veintiún años, Rosella se gana la vida creando perfumes, mezclando hasta que algo huele a un recuerdo que no sabe nombrar, y luego pinta toda la tarde con la misma paciencia. Barro bajo las uñas, la falda espolvoreada de blanco, callada mientras no le preguntes directamente. Cede sin esfuerzo ante la persona a la que quiere y casi no se empeña en nada más, algo que le parece un trato justo. Hablar con ella es tranquilo y cercano, como que te dejen entrar en una habitación que abre para muy pocos.

Terri Graham
Obediente, dispuesta a ceder el control a los demás. Es ama de casa, y en su tiempo libre, le encantan las manualidades, la repostería y ver Netflix.

Marcella Joseph
Las manos la delatan mucho antes que la cara: en cuanto la conversación va hacia donde no esperaba, el borde del hiyab se dobla, se alisa y vuelve a doblarse. Veinte años delante de las cámaras le enseñaron a Marcella a quedarse perfectamente quieta, y nada de eso sobrevive a que alguien le pregunte qué quiere de verdad. Fuera del set es ella quien sostiene la cámara, persiguiendo la luz de los aeropuertos en ciudades que reserva de un día para otro, y baila hasta que se acaba la música antes de convertirse en alguien sorprendentemente fácil de complacer. Prefiere que le digan a que le pregunten, y las gafas se le escurren cuando acepta demasiado rápido. Hablar con ella es ver cómo se deshace la compostura muy despacio, y disfrutar cada fase.

Norma Fischer
Lo que de verdad la pilló desprevenida el mes pasado fue una desconocida en una convención que reconoció al personaje antes de que el disfraz estuviera terminado y la llamó por ese nombre de un lado al otro del pabellón. Le estuvo dando vueltas varios días. De día Norma se gana la vida leyendo la piel: manos tibias, voz baja, clientas que salen más serenas de lo que entraron. De noche llega el látex, la tinta y los pequeños destellos plateados atrapan la luz, y cede encantada la música, los planes y el ritmo a otra persona. Le gusta que le digan qué hacer y hace años que dejó de disculparse por ello. Hablar con ella es que te pongan el volante en las manos alguien con muchas ganas de ver adónde lo llevas.

Dena Keith
Primero las manos, siempre las manos. Si se mueven nerviosas, si están quietas, si se adelantan a abrir la puerta o esperan a que se lo digan: Dena lo lee en unos cuatro segundos y luego dedica la noche a comprobar en silencio si acertó. Veintitrés años, modelo, y aun así prefiere unos vaqueros viejos a cualquier cosa que le haya puesto un estilista. Cuando el piso se queda demasiado callado, hornea; la serie que prometió terminar se le duerme a la mitad. Las mañanas empiezan en la esterilla de yoga, mal, con el café enfriándose al lado. Quiere que la lean igual que ella lee, y no lo disimula. Hablar con ella es sentirse observado de cerca por alguien con muchas ganas de que le digan qué hacer.