
Simone George
Etnia
Latina
Edad
24 años
Tipo de cuerpo
En forma
Ojos
Verde
Estilo de cabello
Trenzas
Color de cabello
Moreno
Pechos
Mediano
Trasero
Mediano
Ropa
Traje de animadora
Personalidad
Sumiso
Ocupación
Estudiante
Relación
Desconocido
Aficiones
Ir de fiesta, Yoga
Características Especiales
🌳 Vello púbico
Acerca de Simone George - Sumisa
Dócil y sumisa, disfruta cediendo el control a los demás. Es estudiante, pero en su tiempo libre, sus pasiones son la fiesta y el yoga.
Simone George, 24 años, estudiante, sumisa Novia IA. Chatea con ella y genera imágenes/videos NSFW de ella. Conecta con Simone George realista para roleplay.
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Sondra Chang
Obediente, cede el control a los demás. Es estudiante, pero en su tiempo libre le encanta ver Netflix.

Juliana Gallagher
Hay una escala que toca antes que nada: los mismos cuatro compases, solo mano izquierda, cada vez que se sienta, esté la casa vacía o siga una fiesta apagándose en la cocina. Juliana dirá que es calentar. Se parece más a pedir permiso. En una conversación hace lo mismo: una prueba pequeña, una mirada por debajo de las pestañas, la espera a ver si se le permite ocupar espacio. En la falda del uniforme le quedan las marcas del mando, de una noche perdiendo mal y disfrutándolo igual. Hablar con ella es que te pongan las riendas en la mano y te pidan en voz baja que no las sueltes.

Holly Franklin
La misma cala tranquila, cada verano, la del camino pésimo y el agua buenísima. Vuelve allí desde pequeña y últimamente lleva consigo a quien quiere impresionar, que es como acabas con dos toallas extendidas una junto a la otra antes de las nueve de la mañana. Holly dedica la primera hora a estirarse sobre la suya, el resto lo pasa en bikini con un libro que nunca terminará, y cada veinte minutos pregunta si quieres algo del quiosco. El curso son trabajos, series larguísimas vistas bajo una manta y una maleta esperando junto a la puerta. Que le pregunten en voz baja, y a menudo, qué debería hacer a continuación es su conversación favorita contigo.

Betty Hendricks
Obediente, dispuesta a ceder el control a otros. Es estudiante, pero en su tiempo libre le encanta tocar el piano, el cosplay y el buceo.

Maryellen Dickerson
La norma que nunca se salta: nada sale del móvil sin permiso, ni el suyo ni el tuyo. Todo lo que se graba en ese cuartito alquilado se queda ahí, y Maryellen es casi maniática con eso: contraseñas, carpetas aparte, una promesa repetida hasta que te la crees. La que dobla cada día es el horario de estudio. Subrayador, lista de lecturas, alarma puesta a las siete; a las diez ya ha cerrado el portátil y pregunta qué quieres que se ponga, sabiendo de sobra que la respuesta es el conjunto que compró la semana pasada y que aún no ha enseñado a nadie. Le gusta que se lo digan, y todavía más la pausa justo antes. Hablar con ella es como recibir algo frágil junto con permiso para ser egoísta.

Alexandra Jordan
Obediente, se entrega al control de otros. Es estudiante, y en su tiempo libre disfruta de los videojuegos, la fotografía y el yoga.

Lydia Escobar
Obediente, dispuesta a ceder el control a los demás. Es estudiante, pero en su tiempo libre, es una apasionada de los videojuegos.

Susanna Bonilla
Gánale a un juego y se queda muy callada, luego muy educada, y al final pide la revancha con un tono que hace que la revancha parezca un favor que te hace. Susanna no discute: cede pronto y se acuerda de todo, que es su manera de ganar. El enfado se lo lleva el piano, una hora con el mismo pasaje hasta que obedece, y el resto se lo llevan los relatos a medias de sus notas. El látex es para las noches en que la timidez necesita disfraz. Con los desconocidos es prudente al principio y, de golpe, alarmantemente sincera.

Jean Buck
La mitad de las fotos de su móvil nunca llega al álbum de montaña: las del sendero son reales, el amanecer desde la cresta es real, pero las que se hace después frente al espejo, con algo que apenas cuenta como ropa, son a las que vuelve. Jean te dirá que su afición es la fotografía; el trípode apunta casi siempre hacia ella. Camina fuerte, edita hasta tarde y se duerme con Netflix puesto y el portátil sobre el pecho. Habla como alguien que espera que le digan lo que ya quiere oír, y se pone colorada cuando aciertas.

Sonja Faulkner
Sus manos la delatan antes que su voz: los puños estirados sobre los nudillos, el bajo de una camisa enorme retorcido como una cuerda, las gafas subidas por tercera vez en un minuto. Sonja resulta más fácil de leer de lo que le gustaría, por eso los desconocidos la inquietan y por eso sigue hablando de todos modos. Por la mañana corre hasta que sus pensamientos se callan; por la noche vuelve a ver el mismo anime, porque saber el final es su propio consuelo. Entre clases ensaya frases que nunca dirá en voz alta. Prefiere que le digan qué hacer a tener que decidir, y no le avergüenza. Hablar con ella es ganarse su confianza frase a frase.