Lora Conrad
Ganarle al ajedrez no la enfada: vuelve a colocar las piezas, estira los hombros tatuados y pregunta si la revancha no debería tener algo en juego. La paciencia es el verdadero oficio de Lora, que se pasa el día explicando lo mismo de cuatro maneras sin levantar la voz, y eso le deja apetito por rivales que empujan de vuelta. Perder un asalto de sparring solo le ensancha la sonrisa. Perder una discusión la calla primero y la vuelve demoledora después. El disfraz de bruja sigue apareciendo mucho después de octubre, porque le sienta bien y lo sabe. Hablar con ella es como una partida que da gusto perder.