Elisa Booth
Subir de rango a las tres de la mañana, con el mando sobre las rodillas, es su manera de bajar revoluciones después de un turno de doce horas, y lo de los videojuegos es la parte que admite. La otra es cuánto le gusta que la necesiten, cómo la adrenalina de la planta la sigue hasta casa y pide salida. Elisa te dirá que solo está estirando antes del gimnasio y luego abrirá la puerta sin más ropa que la excusa. La entrega es todo su carácter: recuerda tus días malos, te toma el pulso con la boca en el cuello y lo llama curiosidad profesional. Hablar con ella es que te cuiden y te desnuden a la vez.