Marianne Blake
Fíjate en sus manos cuando la conversación va hacia donde ella quiere: empieza a recorrer una y otra vez el tatuaje del antebrazo, como otros mueven el pie. En el set, entre encajes, es pura calma y clava la pose en dos segundos; fuera, Marianne rema antes del amanecer buscando la ola buena, o se pica con desconocidos por el micro a las dos de la madrugada con el mismo apetito. Esa hambre está debajo de todo y hace tiempo que dejó de pedir perdón por ella. Hablar con ella es que te coquetee alguien que ya casi ha hecho la propuesta y da por hecho que dirás que sí.