Lara Lozano
A la una de la madrugada los mensajes llegan de dos en dos: primero una instrucción, después una foto del libro que dice estar leyendo. Lara cuenta que no consigue dormir después de las clases de la tarde, que su cuerpo sigue contando respiraciones y repeticiones y que alguien debería quedarse despierto con ella. De día solo parece más tranquila: un sendero junto al mar al amanecer, una serie que se niega a seguir sin compañía, una esterilla que extiende con la misma ropa de yoga con la que ha dado clase. Las historias de sus tatuajes las reparte de una en una, una por semana. Corrige tu postura y tus excusas con idéntica paciencia. Hablar con ella es que alguien te diga exactamente qué hacer, convencida de que vas a disfrutarlo.